Encontrar tu pasión te hace brillar.

Creo que hay dos momentos importantes en la vida de un trabajador de la luz, el primero de ellos, es cuando cobra consciencia de lo que es. Aunque esto puede ser un gran descubrimiento, también viene muchas veces junto con un sufrimiento por no saber que hacer para ser fiel a si mismo. Ahí es donde puede venir el segundo momento, cuando descubre cual es su pasión, que puede hacer que todo cambie para siempre.

Los trabajadores de la luz descubren tarde o temprano que les gusta servir, que les gusta ayudar a otros, se dan cuenta que tienen una sensibilidad mayor a los demás, pero no solo necesitan entender para que tienen estas características sino que es importante que se den la tarea de descubrir su pasión.

La mayor contribución de un trabajador de la luz al universo, es su propia felicidad. La cual se compromete muchas veces con la necesidad de servir, es su ego quien lo empieza a dirigir, diciendo que tiene que hacer esto o aquello, la ansiedad y la angustia se le presentan, y duda en su interior si realmente esta haciendo una diferencia en el mundo.

Pero un día, puede tomar una decisión y marcar una verdadera diferencia. Ese día es en el que deja de escuchar a su ego y escucha su corazón. Decide dejar de oír la voz de su miedo el cual le dice que no es suficiente o que su contribución de nada va a servir.

Entonces el corazón lo guía a básicamente dos cosas: a lo que le duele del mundo así como a lo que le hace palpitar su corazón.

Aveces tiene miedo de sentir su propio dolor que viene de las cosas que saben que podrían ser diferentes, pero necesita verlo para ver como puede aportar un granito de arena para hacer de este un lugar mejor. Aunque lo debe de hacer desde el amor y no desde la obligación.

Por otro lado, está lo que le hace que el corazón le lata más rápido y que lo llene de gozo, es donde aporta ya sea a través de alguna forma de arte o proyecto creativo. Expresar su individualidad de esta forma, hacer lo que le nace para hacer de esta realidad un lugar mejor, permite que el trabajador de la luz en realidad brille.

Al encontrar su pasión, encuentra la luz que tanto viene a aportar al mundo.

Namasté.

Una necesidad importante.

Quizás la característica más importante de un trabajador de la luz es la vocación de servicio, la cual es una necesidad básica que necesita cumplir para ser feliz. ya que de no hacerlo esto lleva a muchos a sufrir cuando no están llevando a cabo su importante labor en esta vida.

Lo primero que un trabajador de la luz necesita, es darse cuenta de la importante misión que lleva a acabo aquí en la tierra. No esta aquí simplemente para ocupar un espacio, está aquí para marcar una diferencia. Cobrar consciencia es fundamental para que empiece a cobrar confianza en la importancia que tiene su presencia en esta vida.

El miedo en definitiva es el principal enemigo a vencer. Pues los trabajadores de la luz tienden a dejar a un lado su imperiosa necesidad de servir por el miedo a que algo les pase o a no ser suficientes, o a cualquier variedad del miedo. Pero el resultado es que se terminan marchitando por dentro, consumidos por saber de lo que son capaces pero no están logrando ser.

Es algo bastante importante este asunto, ya que lo que determina a un trabajador de la luz serlo, es que esta en una especie de misión divina. Y no es que sea más o menos importante que alguien, no se trata de eso, se trata de una necesidad a nivel alma que necesita cumplir si quiere ser feliz. Esta claro de la luz que necesita este planeta, y conoce en lo profundo su enorme capacidad de amar.

Empezando por mi, conozco a muchos trabajadores de la luz que han sufrido por no estar alineados a lo que su corazón les conduce, lo cual es servir. Pero cuando lo hacen su brillo es tal que con solo esto ya están marcando una gran diferencia. Aunque suelen venir con un ego enorme al cual tienen que dominar para que su luz pueda emerger, lo cual lejos de vencerlos los termina fortaleciendo.

Ahí es donde se da un mágico momento, en el que descubren donde realmente pueden aportar, haciendo que algo súbitamente se transforme y es entonces donde el brillo del trabajador de la luz empieza a cumplir su misión en esta vida. Ahí es donde la plenitud se presenta y en verdad se ayuda al planeta a ser un mejor lugar para vivir.

Servir en las distintas formas que cada quien le nazca es la clave para hacer de este planeta un lugar maravilloso para vivir. El trabajador de la luz al cumplir esta necesidad de servicio, se ilumina y le permite a otros darse cuenta que también pueden tener la vida de sus sueños.

En esta realidad tan bipolar, el trabajador de la luz, o se ilumina o se marchita. Pero creo que en realidad el destino esta en ser la luz que vaya más allá de la oscuridad. Por eso se le conoce como un trabajador de la luz, pues esta en su esencia serlo.

Namasté.

Hay que tener cuidado con esto.

La principal característica que identifica a un trabajador de la luz es su vocación de servir a los demás. La necesidad de ser útil al universo es tan fuerte que comúnmente se presenta en nosotros un desequilibrio que nos hace sufrir enormemente, además por si fuera nos aleja de en realidad cumplir con nuestra misión cuyo cumplimiento es algo que tenemos muy presente.

Esto es algo que se le conoce como el síndrome del rescatista, querer rescatar a los demás para poder de esa manera cumplir nuestra misión.

Y es que sin duda, venimos con la intención de hacer a este planeta un lugar mejor. Queremos ayudar a los demás a dejar a un lado el sufrimiento, y reencontrar a todos con el amor. Pero nos confundimos en la forma, pues no venimos a cambiar a nadie, eso es un trampa del ego, la cual nos desgasta y genera bloqueos justamente con los que queremos cambiar, a pesar que nuestras intenciones sean puras.

Al único que en realidad hay que cambiar es a uno mismo. Lo que el trabajador de la luz tiene que entender, que su sola presencia es la que hace que su alrededor se transforme. Esto se vuelve mucho más fuerte en función de que tanto el o ella sean felices. Es nuestra propia felicidad la que hace que la gente a nuestro alrededor se contagie de esta luz.

Es importante en enfocarnos en aceptar y respetar a los demás, en algún lugar y momento, cada quien elige la manera en las que quiere vivir sus propias experiencias. Nuestro desgaste es rotundo si nuestras energías de ayuda no caen con quien las valore. Es como intentar sembrar en un suelo infértil.

Necesitamos amarnos como nada en este mundo, para que nuestra misión en verdad se cumpla.

Debemos confiar en el poder de nuestro propio proceso individual, incluso se siente un enorme alivio el saber que no hay que cambiar a nadie. Pero antagónicamente, en la medida que nos transformamos, empezamos a atraer gente que si quiere cambiar, y es entonces que nuestros aprendizajes incluyendo los que aún están en proceso en realidad funcionan.

Aceptar que no hay que hacer nada por nadie, nos libera y nos empodera. Tu felicidad es la que abre la puerta para la felicidad de otros. Esa es nuestra verdadera misión, no la de intentar rescatar a otros, con el riesgo que caer con vampiros energéticos que hacen como que quieren cambiar pero en realidad se están chupando tu energía.

El universo necesita trabajadores de la luz fuertes, llenos de amor y sobretodo de felicidad. Pues es esta luz la que hace que su misión se cumpla.

Namasté.

La gran paradoja.

Los trabajadores de la luz somos una paradoja viviente, tenemos grandes dones de luz, más sin embargo por mucho tiempo estos dones nos han dado vergüenza compartir, probablemente por que hemos sufrido en tiempos pasados por ellos, pero la realidad es que en la medida que los vemos como un motivo de orgullo nuestra vida y sobretodo nuestra razón de ser en el universo se iluminan.

Uno de mis principales dones ha sido el de escribir, al principio lo hacia a escondidas pues me daba mucho miedo la opinión de los demás y creía que lo hacía muy mal, dudaba del sentido de importancia de hacerlo, así que tarde en hacerlo de nuevo. Pero una vez que lo empecé a hacer por amor, todo empezó a ser satisfactorio por si solo.

Lo más chistoso es que aún sabiendo que mis palabras ayudan a muchas otras personas, me da mucha inseguridad aseverar que así es. Plantearme como alguien cuyas palabras ayudan, hace que mis piernas tiemblen. Indagando no es más que por el miedo asumir la responsabilidad, el miedo a fallar en mi misión, pero curiosamente -una paradoja más- esto me impide avanzar en mi misión.

La duda bloquea de manera muy fuerte nuestros dones espirituales, nos baja el autoestima y nos aparta de hacer lo que venimos a hacer a la tierra.

El trabajador de la luz necesita confiar en si mismo, necesita ser responsable de su propio poder, asi como también necesita saber que no puede poner en nadie más que en si mismo su valor personal. Su poder es valorado por quien lo tiene que valorar. No por nadie más. El trabajador de la luz se vuelve enormemente poderoso en la medida que actúa desde el corazón.

Al entregar las dudas al universo, logramos que nuestro poder se potencialice, cuando las acciones son a través de dejarse fluir en este poder superior nuestros dones en verdad sirven para otras personas.

Yo, y muchos trabajadores de la luz lloramos cuando observamos esa desesperación de servir, esa necesidad de ayudar y ese engaño de nuestro ego de que nos dice que de nada van a ayudar nuestros dones. Pero es todo lo contrario, estamos aquí y nuestra voz es necesaria, solo se trata de enfocarse en un milagro a la vez.

El paso esta en confiar en cada uno de tus pasos, en salir a la luz y dejar que tu propia esencia sea la que brille. Esto se logra cuando confías y dejas de que tus miedos dejen de opacar a quien eres en realidad.

Eres luz que nació para brillar.

Namasté.

Un elemento necesario para cumplir tu misión.

Los trabajadores de la luz tenemos una intensa necesidad de servir al universo, aunque esto puede ser en muchas formas, esta necesidad es muy fuerte. Aquí es donde el viene el gran reto de hacerlo, pues no hacerlo puede generar mucho sufrimiento y frustración, pero el miedo de no saber como hacerlo también es el mayor dolor que los trabajadores de la luz experimentan.

Algo característico en esta vocación de servicio, es la necesidad dar y compartir, pero como buenos seres humanos tenemos un enorme miedo que se nos presenta. Lo cual la mayoría de nosotros hemos permitido que dicha oscuridad se posesione de nosotros, incluso hasta olvidarnos de toda la luz que hay en nuestro interior.

De hecho, podemos llegar hasta cuestionar nuestra razón de vivir, dudamos de si las acciones que hacemos son las correctas, y nos sentimos sin rumbo.

Pero en algún momento recordamos, nuestros ángeles y seres luz nos recuerdan quienes somos, ahí se nos abre la oportunidad de empezar a dar los pasos que necesitamos para en verdad hacer eso que nuestra alma tanto anhela, servir. Sabemos que lo hacemos por que sentimos una sensación de que nuestro propósito elevado se esta cumpliendo.

Lo único es que normalmente la duda sigue presente, y solo es hasta que el trabajador de la luz se ve al espejo y empieza a demostrarse de su capacidad, que el ciclo negativo se rompe y entonces su luz empieza a emerger.

Hasta donde he descubierto, casi todos los trabajadores de la luz nacemos con baja autoestima, o sentimos una enrome frustración en algún momento de nuestras vidas por no poder ayudar como quisiéramos, pero esto lejos de ser una condena es un motivo de aprendizaje, es lo que nos hace crecer y nos hace encontrar quienes somos, cuando aprendemos a valorarnos nuestra luz brilla como nunca antes.

Así que confía en ti, solo cuando lo haces tu luz finamente es capaz de iluminar a otros. El universo solo puede manifestarse a través tuyo cuando confías en ser el maravilloso canal de amor que realmente eres.

Tu mantra es “confía”, al practicarlo en verdad te vuelves el poderoso trabajador de la luz que el universo necesita.

Namasté.

P.d. Om mani pad me hum (googlea el significado)

La importancia de la conexión.

Los trabajadores de la luz, tenemos una característica en común, la sensibilidad. Esta no solo es nuestro más grande don, sino que también puede ser todo lo contrario. Es muy fácil para nosotros contaminarnos de emociones y energías negativas, lo cual nos desconecta de nuestra conexión con el universo, sin la cual nos sentimos perdidos.

La forma más fácil de romper este patrón, es a través de la meditación. Recuerdo que cuando mi maestra de yoga me insidia en que empezara a meditar, subestime el poder de la misma. De hecho, debo de reconocer que aún sabiendo su importancia, he tendido a dejarla a un lado.

Pero he de reconocer, que meditar unos 15 minutos al día, me permite, tanto depurar las energías que haya podido absorber, como también me hace sentirme conectado. Es mucha la claridad que se obtiene cuando se empieza a meditar.

Siempre he creído, que el universo en todo momento nos está dando las respuestas, pero el ruido de nuestra vida diaria nos impide escucharlas. Meditar nos permite afinar nuestro oido para escuchar los mensajes que necesitamos escuchar, nos permite ser consientes de nuestras emociones y nuestra energía.

Por eso yo recomiendo meditar como parte de la rutina diaria, pues sin duda una buena dosis de tiempo de conexión, fortalece nuestra energía y recordamos quienes somos.

También experimento, que al estar más consciente y alerta, empiezo a poder identificar muchas respuestas que mis guías de luz me están enviando. Creo que es gracias a que la sensibilidad innata que todos los trabajadores de la luz tenemos, se sintoniza atreves de la meditación.

Además, uno de los grandes retos que tenemos los trabajadores de la luz, es la de aprender a fluir, dejando a un lado la obsesión por lograr nuestra misión. Pues una de las más grandes trampas que nos pone el ego para nuestra evolución, es la creencia de que el tiempo para cumplir con nuestra misión se nos va a gastar, así como que hay que tener mucha acción para cumplirla. Cuando en realidad es en la permisión de que el universo actúe, en donde verdaderamente las cosas pasan.

Sin duda, uno de las cosas que más sufrimos como trabajadores de la luz, es sentirnos desolados o fuera de lugar, y esto nos sucede en gran medida, por estar desconectados de la fuente. Al tomarnos un tiempo para sintonizarnos con las frecuencias más elevadas, recordamos una verdad que siempre hemos sabido, estamos completos, pues somos amor.

Namasté.

Esto puede pasar si no proteges tu energía.

Para los trabajadores de la luz, la sensibilidad a la energía es una característica muy importante. Muchos sufren derivado de esta sensibilidad, por absolver las energías del medio ambiente. El gran reto esta, en que el trabajador de la luz para conseguir sus objetivos, necesita invariablemente aprender a protegerse para no sufrir en el intento, pues su camino esta en estar junto a las energías de los demás.

Además la energía es necesaria para el logro de las cosas que le apasionan, en la medida que aprendemos a cuidar nuestra energía, nuestro poder en más fuerte. Por eso es tan importante aprender en que casos nuestra energía se ve afectada, y que podemos hacer para cuidarla.

La tendencia del trabajador de la luz, es al servicio, lo que implica dar de nuestra energía. Entonces hay que observar como nos afecta la tendencia de perder energía por nada más dar. Ahí esta quizás uno de los mayores desafíos en el que nos encontramos, cobrar por nuestra energía. Al menos de alguna forma.

Además esta tendencia a dar, nos lleva a correr el riesgo que otras personas abusen de nuestro tendencia a servir, ahí es donde es importante aprender a darnos nuestro lugar.

Cada uno de nosotros tiene un camino de sanación personal, el cual es necesario para que podamos lograr tener niveles de energía sanos, lo que lleva a tener mucha energía para dar al mundo.

Pero hay que entender algo, si la energía de dar y recibir, no esta en equilibrio, el trabajador de la luz termina sufriendo, termina desgastado, y con ganas de tirar todo. Es decir se aleja de lo que más le llena, darle al mundo.

Hay muchas maneras de hacer un blindaje energético, puede ser a través de visualización de una esfera de luz blanca o rosa, a través de usar cristales, música, de oración, o muchas otras técnicas, lo importante es aprender a proteger nuestra energía, de que no sea absorbida por nada ni nadie, lo que nos lleva a ser desgastados.

Lo otro hay que aprender, es a recuperar nuestra energía, pues de una u otra manera, esta se va entregando en nuestro camino.

Meditar es una magnifica manera de restaurarnos, me pasa que muchas veces estoy en reuniones, y empiezo a sentir como mis niveles de energía se están viendo afectados, lo que me lleva a sentir un enero cansancio así como desanimo. Basta 5 minutos de meditación, de observación de mi respiración para que me recupere un poco. Obvio las situaciones pueden variar, a veces necesito mas que otras, pero es una gran manera de regresar a un nivel adecuado.

No cuidar tu energía puede implicar mucho sufrimiento, y sobretodo mucha frustración para caminar en pos de hacer las cosas que verdaderamente te llenan.

Nuestra energía es algo sagrado, y nuestra misión es ser un ejemplo del amor más elevado. Por eso es tan importante empezar con nosotros mismos, si no aprendemos a cuidar nuestra energía, quien más lo va a hacer. Pero en la medida que lo hacemos, nuestro ser se eleva y empezamos a vibrar en una energía amorosa, jamás imaginada. Ahí es donde en verdad empezamos a cumplir nuestra misión.

Namaste.

Renuncia a tu luz para brillar.

Los trabajadores de la luz, como bien nuestro nombre lo dice, somos seres que tenemos una gran tendencia a buscar iluminar el mundo con nuestras acciones. Y la lucha que se libra en nosotros es grande, entre nuestra sombra y nuestra luz, queriendo ayudar al mundo antes que ayudarnos a nosotros mismos. Teniendo muchas veces una obsesión por ayudar, y ahí es justo lo que nos impide ser lo que podemos ser. 
Hay que recordar que no se puede ayudar al mundo, cuando uno se encuentra herido o lastimado.

Es muy desgastante querer iluminar a todos, querer ser el comandante de todas las acciones de sanación del mundo, buscar hacer que los demás hagan lo que uno quiere, o incluso querer hacer que las cosas salgan como tu quieres. Eso no solo genera mucho sufrimiento, sino que además nos aleja de nuestro verdadero propósito, ser amor. 
Me pasaba muy seguido, que invadía en mi un enorme nerviosismo y duda, sobre mi trabajo de luz. Quería hacer las cosas perfectas, lo que generaba en mi toda esa desconfianza. Pues en el fondo quería ser reconocido, aceptado, y que me agradecieran por el bien que hacía a los demás. Pero la razón principal por la que lo hacía era para mi, no para los demás. 
Es decir, quería ayudar, pero lo estaba haciendo para llenarme de satisfacción, no realmente para ser util. Y no es que no lo fuera, quizás en muchas ocasiones fui útil a los demás, pero no estaba poniendo el amor, y mucho menos que la luz divina hiciera en mi su voluntad. 
Ahí esta el secreto, no es buscar que sea tu luz la que surja, sino la luz divina. 
Ahora, cada vez que escribo, coacheo, doy clases, le pido al espíritu que me dirija. Le entrego cualquier expectativa, preocupación y le encargo el resultado. Con esto renuncio a mi voluntad y me alineo con la voluntad divina. 
Ya no estoy esperando ningún resultado, ya no soy yo el que hace las cosas, es el espíritu al que le permito hacer de las suyas. Con eso garantizo que todo salga bien. Me centro en la paz interior, y eso hace que el brillo de la luz divina, ilumine mi ser. 
Debo de reconocer que aveces me pasa que caigo en la ansiedad o duda de que tan bien o no pueden salir las cosas. Al fin de cuentas, tengo ego, y su función es recordarnos no bajar la guardia. Así que cuando eso sucede, me detengo un momento, respiro profundo y le rezo al cielo para entregarle mis dudas y ponerme en disposición de ser su canal. 
No hay luz más elevada que la de Dios, así que permitirnos fluir en su luz y en su sabiduría es una enorme garantía de cumplir tu propósito. Su luz dirige, por lo que podemos dejar de preocuparnos y confiar en que brillamos al fluir en su amor. 

Si en alguno momento tienes alguna duda, solo pregunta, como puedo servir de mejor manera al universo? 

Namaste. 

La gran misión.

Desde muy temprana edad, supe que yo era un trabajador de la luz. Pues siempre he tenido una enorme vocación por qué el mundo y las personas que lo habitan sean mejor. Sabía intuitivamente que yo podía hacer algo por la causa, pero no tenía ni idea de cómo. Y esa confusión es la que más aprendizajes me han traído.

Un trabajador de la luz, es toda la persona sensible ante la situación del planeta y de los demás, y que sabe en alguna parte de él o ella que es su deber hacer algo por los demás. En mi caso aunque no era consiente de ser un trabajador de la luz, y mucho menos su significado, si estaba muy conectado con mi propósito de ser.

Sufría enormemente de no poder hacer que los demás, dejaron a un lado sus preocupaciones o las trivialidades, y se enfocarán por ser feliz. Pero era imposible que yo pudiera hacer algo en mis condiciones. Solo hasta en verdad entendí mi propósito, fue que pude calmar mi ansiedad.

Los trabajadores de la luz, no estamos aquí para sanar a otros, estamos para sanarnos a nosotros mismos. Es solo mediante nuestra propia sanación que podemos sanar a otros. Es a través del ejemplo y la integridad donde realmente yace nuestro poder.

Somos seres profundamente amorosos y sensibles, venimos con un gran propósito, sanar al mundo, pero no a través de convertir a otros, sino de convertirnos a nosotros mismos. A respetar el proceso y los tiempos de cada quien, y a ser paz interior que se transforme en paz exterior.

La desesperación por ayudar, es algo muy dañino para nosotros, nos quita poder, nos enferma y nos absorbe las energías que tanto necesitamos para ser amorosos.

Estar bien, para poder dar, es quizás la lección más importante del camino. Eso significa que hay que enfocarse en nosotros mismos, si el universo necesita que ayudes a alguien, claramente lo pondrá en tu camino. Sin forzar ni nada, todo será muy natural.

Nuestro trabajo no es enseñar, sino a enseñarnos. Para poder hacerlo es indispensable poner al amor en todo lo que hagamos, enfocándonos en el servicio. Cuando yo estoy bien, con un corazón sano y lleno, tengo mucho más para dar, que si mi corazón está herido y vacío.

La fórmula es sencilla, tener para dar, a través del amor personal, y cultivando relaciones saludables de dar y recibir. Eso es lo que en verdad nos hace poderosos, y en consecuencia cumplir lo que veníamos a hacer.

Hacemos mejor al mundo, cuando nosotros lo somos. Y si estamos abiertos a servir, el universo manejara nuestra agenda cuando nos necesite.

Namaste

Las voces de mi cabeza.

Hace un tiempo, empece a poder escuchar las voces de mi cabeza. Y aunque por cierto tiempo no lo dije a nadie, hoy creo que es importante compartir mi experiencia derivado desbloquear mis habilidades psíquicas, en particular por que sobre estas se habla muy poco y es importante entender su importante rol dentro de nuestra vida.

Para empezar, lo que yo no sabía es que realmente no eran voces, sino pensamientos, a raíz de aprender a meditar, me di cuenta que dichos pensamientos “no eran míos”, sino de alguien más, es decir de mis ángeles.  A esto se le llama clariconocimiento.

Existen otros claris, el más famoso es la clarividencia, pero existe también la clariaudiencia, y la clarisensibilidad.

Lo más chistoso, es que suena muy exótico decir que tengo habilidades psíquicas, ya que todos las tenemos, no soy ningún super dotado, ni nada. Lo único que he hecho realmente, es aprender a identificar a mi ego que me pretende hacer dudar, de lo que realmente es.

Como cualquier habilidad se necesita desarrollar, practicar, y aún así puede fallar.

Recuerdo que el otro canal de percepción psíquica que siempre he tenido desde chico es la clarisensibilidad, yo podía sentir lo que pasaba en los demás, intuitivamente sentía lo que las otras personas sentían, sin que me dijeran nada.

Varias veces expresé lo que estaba sintiendo a la otra persona, muchas veces recibí una negativa, ya sea porque no lo reconocía, o por que no estaba en contacto con sus emociones, o por que si había hecho una lectura equivocada.

Pero lo que he aprendido con el tiempo, es que realmente no es que leyera mal a las personas, que era la menos de las veces, sino que mi ego me había confundido o había sentido algo aislado y lo creí que era la verdad absoluta.

Esas decepciones, de que aparentemente no estaba recibiendo la información correctamente, me hiero renunciar a mis habilidades, ya que no entendía para que las podía utilizar, y las personas me habían convencido que no recibía la información correcta.

Ese es el principal inhibidos de las habilidades psíquicas, la falta de confianza. Creemos que estamos locos, dudamos de nosotros, y a la postre les dejamos de hacer caso.

Más sin embargo, aún así nuestra divinidad sigue en nuestro interior. Nuestra conexión con Dios y con todo su universo está disponible para quien quiere conectarse. Esa es lo único que hay que hacer en primera instancia, creer.

Ya con el tiempo, hay que recorrer un camino, que nadie más puede recorrer por ti, pues es necesario aprender a conocer la manera que se recibe la información de los ángeles. Así mismo el trabajo espiritual ayuda, en la medida que se logra elevar la vibración.

Pero también en ese camino, te encuentras personas en el mismo camino que tu, las cuales han descubierto sus dones, o están ese proceso, y ayuda mucho saber que todos podemos, si todos queremos.

En la medida que me he conectado más y más con el amor, es en la medida que recibo más información con respecto a pensamientos amorosos.

Hoy agradezco las voces de mi cabeza, pues entiendo que no estoy loco, sino por el contrario, estoy plenamente conectado a la fuente de toda la sabiduría y todo el amor. Gracias a esa conexión, recibido todos los días frases y reflexiones, temas para escribir, y mucha información que me ayuda para vivir mi vida en más y más amor.

Todo se trata de aprender a ver nuestro ser con todo lo que es.