Renuncia a tu luz para brillar.

Los trabajadores de la luz, como bien nuestro nombre lo dice, somos seres que tenemos una gran tendencia a buscar iluminar el mundo con nuestras acciones. Y la lucha que se libra en nosotros es grande, entre nuestra sombra y nuestra luz, queriendo ayudar al mundo antes que ayudarnos a nosotros mismos. Teniendo muchas veces una obsesión por ayudar, y ahí es justo lo que nos impide ser lo que podemos ser. 
Hay que recordar que no se puede ayudar al mundo, cuando uno se encuentra herido o lastimado.

Es muy desgastante querer iluminar a todos, querer ser el comandante de todas las acciones de sanación del mundo, buscar hacer que los demás hagan lo que uno quiere, o incluso querer hacer que las cosas salgan como tu quieres. Eso no solo genera mucho sufrimiento, sino que además nos aleja de nuestro verdadero propósito, ser amor. 
Me pasaba muy seguido, que invadía en mi un enorme nerviosismo y duda, sobre mi trabajo de luz. Quería hacer las cosas perfectas, lo que generaba en mi toda esa desconfianza. Pues en el fondo quería ser reconocido, aceptado, y que me agradecieran por el bien que hacía a los demás. Pero la razón principal por la que lo hacía era para mi, no para los demás. 
Es decir, quería ayudar, pero lo estaba haciendo para llenarme de satisfacción, no realmente para ser util. Y no es que no lo fuera, quizás en muchas ocasiones fui útil a los demás, pero no estaba poniendo el amor, y mucho menos que la luz divina hiciera en mi su voluntad. 
Ahí esta el secreto, no es buscar que sea tu luz la que surja, sino la luz divina. 
Ahora, cada vez que escribo, coacheo, doy clases, le pido al espíritu que me dirija. Le entrego cualquier expectativa, preocupación y le encargo el resultado. Con esto renuncio a mi voluntad y me alineo con la voluntad divina. 
Ya no estoy esperando ningún resultado, ya no soy yo el que hace las cosas, es el espíritu al que le permito hacer de las suyas. Con eso garantizo que todo salga bien. Me centro en la paz interior, y eso hace que el brillo de la luz divina, ilumine mi ser. 
Debo de reconocer que aveces me pasa que caigo en la ansiedad o duda de que tan bien o no pueden salir las cosas. Al fin de cuentas, tengo ego, y su función es recordarnos no bajar la guardia. Así que cuando eso sucede, me detengo un momento, respiro profundo y le rezo al cielo para entregarle mis dudas y ponerme en disposición de ser su canal. 
No hay luz más elevada que la de Dios, así que permitirnos fluir en su luz y en su sabiduría es una enorme garantía de cumplir tu propósito. Su luz dirige, por lo que podemos dejar de preocuparnos y confiar en que brillamos al fluir en su amor. 

Si en alguno momento tienes alguna duda, solo pregunta, como puedo servir de mejor manera al universo? 

Namaste. 

Las voces de mi cabeza.

Hace un tiempo, empece a poder escuchar las voces de mi cabeza. Y aunque por cierto tiempo no lo dije a nadie, hoy creo que es importante compartir mi experiencia derivado desbloquear mis habilidades psíquicas, en particular por que sobre estas se habla muy poco y es importante entender su importante rol dentro de nuestra vida.

Para empezar, lo que yo no sabía es que realmente no eran voces, sino pensamientos, a raíz de aprender a meditar, me di cuenta que dichos pensamientos “no eran míos”, sino de alguien más, es decir de mis ángeles.  A esto se le llama clariconocimiento.

Existen otros claris, el más famoso es la clarividencia, pero existe también la clariaudiencia, y la clarisensibilidad.

Lo más chistoso, es que suena muy exótico decir que tengo habilidades psíquicas, ya que todos las tenemos, no soy ningún super dotado, ni nada. Lo único que he hecho realmente, es aprender a identificar a mi ego que me pretende hacer dudar, de lo que realmente es.

Como cualquier habilidad se necesita desarrollar, practicar, y aún así puede fallar.

Recuerdo que el otro canal de percepción psíquica que siempre he tenido desde chico es la clarisensibilidad, yo podía sentir lo que pasaba en los demás, intuitivamente sentía lo que las otras personas sentían, sin que me dijeran nada.

Varias veces expresé lo que estaba sintiendo a la otra persona, muchas veces recibí una negativa, ya sea porque no lo reconocía, o por que no estaba en contacto con sus emociones, o por que si había hecho una lectura equivocada.

Pero lo que he aprendido con el tiempo, es que realmente no es que leyera mal a las personas, que era la menos de las veces, sino que mi ego me había confundido o había sentido algo aislado y lo creí que era la verdad absoluta.

Esas decepciones, de que aparentemente no estaba recibiendo la información correctamente, me hiero renunciar a mis habilidades, ya que no entendía para que las podía utilizar, y las personas me habían convencido que no recibía la información correcta.

Ese es el principal inhibidos de las habilidades psíquicas, la falta de confianza. Creemos que estamos locos, dudamos de nosotros, y a la postre les dejamos de hacer caso.

Más sin embargo, aún así nuestra divinidad sigue en nuestro interior. Nuestra conexión con Dios y con todo su universo está disponible para quien quiere conectarse. Esa es lo único que hay que hacer en primera instancia, creer.

Ya con el tiempo, hay que recorrer un camino, que nadie más puede recorrer por ti, pues es necesario aprender a conocer la manera que se recibe la información de los ángeles. Así mismo el trabajo espiritual ayuda, en la medida que se logra elevar la vibración.

Pero también en ese camino, te encuentras personas en el mismo camino que tu, las cuales han descubierto sus dones, o están ese proceso, y ayuda mucho saber que todos podemos, si todos queremos.

En la medida que me he conectado más y más con el amor, es en la medida que recibo más información con respecto a pensamientos amorosos.

Hoy agradezco las voces de mi cabeza, pues entiendo que no estoy loco, sino por el contrario, estoy plenamente conectado a la fuente de toda la sabiduría y todo el amor. Gracias a esa conexión, recibido todos los días frases y reflexiones, temas para escribir, y mucha información que me ayuda para vivir mi vida en más y más amor.

Todo se trata de aprender a ver nuestro ser con todo lo que es.

Llorar podría ser la clave.

Siempre he sido una persona sentimental, lo cual ha implicado que en muchas ocasiones mi fuerte capacidad de sentir me haga tener ganas de llorar. Por mucho tiempo, -ya sea por las costumbres sociales o simplemente porque nadie me enseño que no tenía nada de malo- cuando me daban ganas, simplemente bloqueaba la emoción. Que iba a saber yo que ahí había un gran don mío.

Sentir es una gran manera de conectarse con la vida, y al conectarse con ella te conectas con lo más elevado, que muchos llamamos Dios.

La cuestión era que yo pensaba que era un defecto mío, el de ser “lloron”, y eso hacia que yo buscara bloquear ese sentir, e incluso avergonzarme, pensaba que estaba yo defectuoso, podría decir que incluso me deprimía.

¡Todo esto no fue más que un gran aprendizaje!

Cuando empece a ver por que estaba esa sensibilidad en mi, y para que servía. ¡Todo cambió! Empecé a valorar mi sensibilidad, empecé a darme cuenta que lo que yo sentía a traves de mis sentidos ampliaba mi percepción, y eso me hacia saber más de lo que mi otros sentidos me mostraban.

Justamente ahí esta la lección, cuando aceptas todo lo que hay en tu vida, empiezas a liberar tu máximo esplendor. ¡Yo creía que un gran don mío, era un defecto! Era todo lo contrarío. Lo único que estaba yo haciendo era bloquear mis capacidades.

Como trabajador de la luz, la confianza en ti es básica. No se puede enseñar algo que no se ha aprendido. Y muchas veces te puedes enfrentar a retos que si no estas con los pies muy firmes en el piso, te puedes caer y lastimar.

Hoy en día, me permito sentir todo lo que haya que sentir, y eso me hace sentir muy pleno. He aprendido a identificar cuando las emociones no son mías, sino de los demás o incluso del ambiente. Al permitirle este flujo, permito que la alegría de la vida fluya a través de mi, al bloquear retengo y absorbo la energía.

Por cierto, esto de lo que yo hablo de llama “clarisensibilidad”, y es uno de los canales de percepción psíquica, también descubrí que tengo “clariconocimiento” la habilidad de saber cosas, pero también existe la “clarividencia” que es poder ver y la “clariaudiencia” que implica escuchar.

Todos tenemos las 4, pero he visto que algunos tenemos mayor facilidad con unas que con otras, e incluso según la ocasión puedes recibir información de cualquier de las 4.

Esta capacidad de percibir, es básica para poder ser más feliz, sirviendo al universo, según te corresponda. Y como todo trabajador de la luz, esa es tu razón de ser más elevada.

¡Dios te bendice!