Se enseña en verdad cuando se deja de querer hacerlo.

Desde que soy chico me ha gustado enseñar a otros. Quizás intuía que ese era una de mis propósitos de vida.  Y esto me hizo forzar muchas veces a querer enseñar a otras personas, sin que realmente fuera yo requerido. El resultado además de no enseñar, era que caía yo un tanto mal.

Es decir, sabía lo que quería, pero no la manera de lograrlo.

Debo de confesar, que realmente estaba yo buscando dos cosas, inflar mi ego y evadir mi propio aprendizaje personal. Digo no es que no supiera nada, siempre se me ha facilitado aprender cosas. Pero las sabia desde la teoría, no desde de la practica.

En algún momento, me logré dar cuenta que mi trabajo no era enseñar, sino aprender. Ahí estaba el verdadero llamado, y aceptarlo fue lo que en realidad cambió mi vida como trabajador de la luz. No se puede dar lo que no se tiene.

Yo sentía que debía ser el salvador de los demás, y mostrarles el rumbo. Eso me hacía sentir importante, pero no necesariamente útil. Es muy fácil observar en los demás las cosas que no hacen bien, pero es mucho más retador reconocer las propias.

Al final cada enseñanza aplica también para ti.

Según la ley de la atracción vas a tener gente que este acorde a tu vibración. Es decir, en la medida que tu vibración aumenta y se conecta cada vez más al amor más elevado -el fin de todo nuestro trabajo en la tierra- las personas con las te rodearás serán acorde a esa vibración. Incluso las mismas personas actuarán contigo de manera diferente.

El estado interior crea el estado exterior.

Cuando doy sesiones de coaching, el mensaje que le estoy diciendo a las personas también aplica para mi. Como mencionaba anteriormente, en la medida que te enfocas tu aprendizaje es en la medida que tus aprendizajes serán para alguien más.

Ahí es cuando la magia ocurre, cada herida que sanas, abre la maravillosa oportunidad de poder en algún momento de tu vida, sanar a alguien más. No por que debas hacerlo, sino por que la vida a través de la ley de la atracción te abrirá esa oportunidad.

Prácticamente todo lo que ocurre en la vida, cada situación dolorosa, es una gran oportunidad de aprendizaje así como de sanación. Eso es lo que en verdad te hace un maestro, no el querer compartir, sino el tener que compartir.

Lo importante es hacerlo desde el corazón, por transmitir quien eres, mas que lo que sabes.

Las personas aprenden más amorosamente cuando las personas se permiten ser quienes son, y enseñan con su practica. Lo que en verdad nos han maestros a todos, es el trabajo personal para ser cada vez más y más amor.

La mejor forma de dar, es llenándote de amor el corazón. Y si hay algo que haya que compartir, el universo te pondrá la situación. El amor es el que dirige y hace que todo sea perfecto.

Namaste.

Algo básico para encontrarte.

Los trabajadores de la luz, somos seres que tenemos una vocación de servicio hacia el planeta muy marcada. En nuestro interior se siente imperiosa necesidad para que el mundo este mejor. Más sin embargo una de las tareas más importantes, por no decir la prioritaria es la de la propia sanación personal.

He descubierto que todos los que venimos a esta vida, venimos con una inminente orientación a aprender. Y es claro, que los trabajadores de la luz son muy susceptibles a estos aprendizajes. Ya que sus vidas están muy marcadas por situaciones determinadas, que los obligan a reencontrarse con su esencia o a sufrir por no hacerlo.

Es por eso que indispensable en un trabajador de la luz, el trabajo personal. Muchas veces queremos servir por servir, pero lo que en realidad el universo necesita, es de tu sanación personal.

La mejor forma de servir al universo en esta vida, es siendo feliz. Esto te hace tener tanto energías como cosas para dar. Es dar desde el amor, enseñar desde el ejemplo.

Cuando das sin tener, a la larga te terminas lastimando. Por su puesto que dar es loable, pero cuando lo haces desde el amor los resultados son potencialmente superiores.

Yo he visto que los trabajadores de la luz tenemos un gran aprendizaje que necesitamos, el de darnos cuenta que en esta vida tenemos que aprender. Desde mi perspectiva, yo he visto que los trabajadores nos enfocamos en ayudar y en su satisfacción, y nos olvidamos de nuestras propias necesidades.

Cuando logras descubrir quien eres, y de que manera puedes cumplir tu misión divina, la vida fluye de mejor manera.

Yo he tenido que aprender a decir que no, poner limites, para que pueda tener tiempo para sanarme, recargarme, o simplemente relajarme. Esto he notado que me ha ayudado mucho para poder dar desde el corazón y con una energía mucho más poderosa.

Muchos trabajadores de la luz sufren de ansiedad por necesitar ayudar, o de culpa de no ser suficiente, o incluso ambas. Y esto no es otra cosa más que el ego mostrando un aprendizaje. Un consejo elemental para los trabajadores de la luz, es que necesitan librarse de todas estas energías bajas que reducen su poder.

Cuando los trabajadores de la luz hacen suficiente trabajo personal, el cual se traduce en saber manejar la culpa, el miedo, la ira, su vibración se eleva a tal nivel, que su poder de ayudar al universo es mucho más alto de lo que se podría imaginar.

De hecho, un trabajador de la luz empieza a servir al universo cuando logra su propia felicidad. Ahí esta el primer paso necesario para poder servir como el alma anela.

Namaste.

La gran diferencia en el camino.

Siempre me he preguntado, por que hay personas que tienen muchísimo conocimiento espiritual y su vida no marcha como la lógica diría. Y debo de reconocer que por mucho tiempo en mi vida eso me hizo no darle importancia a esos conocimientos por que consideraba que no funcionaban, pues lo que veía en otros.

Conforme fui avanzando en mi terapia personal con mi maestro, estudie el tema de los ángeles, y llego hasta mi una serie de conocimientos, me di cuenta de la sutil pero gran diferencia: la práctica.

Para poder tener una vida luminosa no se trata de cuanto sabes sino de que tanto actúas. Tengo muy presente a Robin Sharma diciendo algo mas o menos así: «en lugar de leer muchos libros espirituales, lee y practica solo uno».

Esa es la diferencia, como trabajadores de la luz no necesariamente enseñamos en realidad en base a lo que sabemos, si no en base a lo que actuamos. Pues nuestras acciones son las que en realidad enseñan.

En mi opinión estrictamente personal, un trabajador de la luz primero debe aprender a ser su propio maestro, a liberarse de sus propias sombras para poder ser otra vez luz. Y entonces todo se acomodará más fácilmente.

Lo que hay que tomar en cuenta es que los trabajadores de la luz tenemos un enorme miedo de nuestro propio poder, por que muchas veces en experiencias pasadas tuvimos trágicos desenlaces en el uso de nuestro poder. Hay muchos miedos en esta experiencia envueltos en ir sacando nuestro poder personal a la luz.

Hay que reconocer este miedo y darle su justa dimensión. El miedo es para que cuidemos no usar nuestro poder personal para otra cosa que servir al amor, pues de no ser así corremos el riesgo de sufrir desavenencias.

Es seguro ser luz, es tu esencia, el amor te cuida y te protege cuando vibras luminosamente.

Es importante mencionar que no estoy diciendo que el conocimiento no sea importante, pues es muy difícil irte a la practica sin conocimiento previo. El reto es encontrar un buen equilibrio en el saber y el hacer.

En ingles hay una frase que resume todo «walk your talk», que sería algo así como «se lo que dices».

Para servir al amor, hay que ser amor. Esa es para mi la principal tarea del trabajador de la luz. Cuando un trabajador sana, la energía que emana, sana al mundo también.

Te deseo que te permitas ser amor, a veces podrá ser complicado, pero en ti esta todo para siempre hacerlo posible.