Yo puedo, pero ¿Soy requerido?

Desde que tengo conciencia, siempre he sido muy servicial. Me encanta lo bien que se siente ayudar a los demás, y hacer algo para hacer el mundo mejor. Eso me ha hecho sentir maravillosamente muchas veces, pero quizás me ha hecho sufrir enormemente, otras veces. Esto es importante, ya que si queremos servir al universo, tenemos que estar bien, para poder hacerlo adecuadamente.

Para poder dar, hay que tener. El camino del servicio empieza en uno mismo. Lo que quiere decir que para poder servir, hay que practicar el amor, eso implica estar bien en primera instancia, para poder dar. Eso es dar desde la abundancia, en lugar de la carencia.

Lo que me hacía sufrir, es algo que se conoce como ser «el/la rescatador», que dicho de una forma práctica significa, meterse donde no te llaman. Cuando te desvives por dar, en particular a quien no te lo ha pedido terminas en desgaste.

Yo por mucho tiempo fui un rescatador, creía que venía a salvar al mundo. Y para ello necesitaba ayudar a todos, enseñarles y hacerles ver cuál era «la verdad» de la felicidad.

El resultado era que terminaba herido, con frustración y rencor, muy lejos de ser amor. Pero es que no entendía, como las personas podían vivir de la manera que vivían, tan alejadas en mi visión del amor, tan desconectadas de sí mismas y de la vida. Simplemente no había entendido un pequeño detalle: cada quien viene a vivir su propia experiencia

En algún lugar y en algún tiempo elegimos las experiencias que vamos a enfrentar para poder aprender. Esto quiere decir que las personas viven  y deben vivir sus propias experiencias, así lo eligieron. Por ende lo debemos respetar. Querer cambiar a las personas no es ser amoroso, aceptarlas lo es.

Cuando consideramos que alguien puede estar mejor, lo mejor es rezar por la persona. Normalmente si algo puedes hacer y es el momento, todo se dará con naturalidad.

He también de confesar, que mis ganas de enseñar o rescatar a otros, no era más que un profundo y oculto pretexto para no enseñarme a mí mismo, y sanar mi interior. Con el tiempo descubrí, que lo que realmente vale la pena compartir, es la propia acción de cómo te has sanado.

Muchos trabajadores de la luz, podemos caer en una confusión en la forma en la que podemos dar servicio al universo, pues pensamos que debemos rescatar a las personas, o dar sin recibir. Pero esa misma necesidad de servir -innata en la trabajadores de la luz- bien orienta es muy poderosa.

Esto parte con de tu verdadero poder personal, que es ser feliz. Esa la manera más importante de ayudar al mundo, no diciendo, sino siendo. El universo siempre es muy claro cuando nos necesita, lo único que hay que hacer es aprender a seguir nuestra intuición, lo que implica callar nuestra mente.

En mi experiencia, la paz que vivo sin estar forzando mi ayuda al universo, es fenomenal. Pues con eso ya estoy sirviendo a mi propósito. Me costó entenderlo, pero la gran gracia divina está en ser no en hacer. Lo importante es ponerse en disposición, y estar lo mejor disponible posible. Es decir, mientras más hayas sanado, mejor puedes servir.

Namaste.

Sobre las canalizaciones de seres de luz.

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Hoy en día tengo ciertas rachas en donde hago canalizaciones de seres de luz, ángeles, arcángeles, maestros ascendidos, deidades, y es algo que aparentemente se me da con mucha naturalidad.

Pero me gusta aclarar algo, si bien creo que nací con el don de recibir mensajes divinos, he tenido que desintoxicarme y cambiar muchos de mis hábitos, además de hacer mucho trabajo personal sobre todo para poder aislar a mi ego, evitando de esa manera el ruido que me pudiera meter.

Lo mas interesante en todo esto es el proceso es que cuando tenemos un don espiritual (que existe en todos) muchas veces tendemos a forzar los resultados del mismo. Recuerdo que cuando empece a trabajar con los arcángeles, estaba muy atraído por contactar a Arcángel Ariel. Le rezaba, le pedía que me hablara, y hacia mucho esfuerzo para que esta comunicación se diera, y el resultado era nulo.

Y esto sucede por varias razones, la primera es porque cuando mas forzamos o perseguimos algo, generamos una energía de rechazo. ¿A quien le gusta que lo persigan o lo obliguen a algo? Las energías sutiles son muy sensibles a todo, y las de alta vibración como los arcángeles lo son especialmente cuando no hay energías amorosas. Por otra parte también está el miedo detrás, yo creía que si no lograba un contacto exitoso, significaba que no servía para eso, y entonces mi temor se activaba. Este cuadro generaba mucha presión en mi, lo cual bloquea o distorsiona las habilidades psíquicas. Todo esto se volvía un circulo vicioso.

Curiosamente, cuando deje de perseguir a arcángel Ariel, y empezó fluir sus mensajes a través mío. Incluso se generó un gran grado de confianza por el simple hecho de soltar y permitir que las cosas fluyeran en total libertad, es decir en amor. Y además todo ocurre en el tiempo perfecto, el cual muchas veces no es cuando queremos, sino cuando es el momento. Incluso arcángel Ariel me contó que era un hada que ascendió al reino de los arcángeles, un dato muy interesante y que considero intimo. Pero esto se dio, porque permití que las cosas fluyan y tuve la paciencia para dejar que así fuera.

Hoy en día simplemente flujo, aveces me llegan cosas, y aveces no. Y eso esta perfecto. Yo en todo el momento me pongo en disposición del universo para que si es el momento y soy el adecuado, pueda yo ser canal.

Lo importante para los trabajadores de la luz, es ser consientes de cual es tu don o tus dones, y dejarlos fluir, tratándolos con mucho amor, para desatar su máximo potencial. Eso también te relaja y permite que las cosas se den.

Pide ayuda divina, y pon tus dones a disposición de universo. Al ser dones de amor, funcionan al máximo cuando los enfocas al servicio.