Todos tenemos algo para enseñar.

A cada uno de nosotros, la vida nos ha puesto una serie de retos bastante interesantes. Ya que estos, son nuestras oportunidades de crecer, e iluminar nuestro ser. Más sin embargo, podemos o no aprovechar lo que nos toca vivir. Pero si lo hacemos, no sólo nuestra vida se vuelve más plena, sino tenemos mayor claridad de estas lecciones, lo que nos abre otra oportunidad, la de compartirlas. 
Ahí es cuando muchas cosas cobran sentido para los trabajadores de la luz, pues cada una de estas lecciones, pueden ayudar a alguien más, y nuestra enseñanza se da desde un espacio de amor. 
Como ya he escrito en otras ocasiones, hay que cuidar, no caer en la trampa del ego, de ser «rescatador/a», la cual consiste en querer cambiar y salvar a los demás, lo cual normalmente termina trayendo mucho sufrimiento para uno, y poco cambio a esa persona. Cuando hay algo que se le puede enseñar a alguien más, solita la vida te lo va a poner enfrente.
Esto es debido a la ley de la atracción. Atraemos a las personas que tienen nuestra misma vibración o que están por tenerla. Ahí es donde la parte divina siempre me da una gran lección, no soy un producto terminado, y cada vez que ayudo o comparto alguna de mis aprendizajes, estoy aprendiendo algo otra vez. 
Lo que se enseña a los demás, es en primera instancia una lección a uno mismo. El estado interior es el que crea el estado exterior, y eso se refleja con las personas que son susceptibles a los aprendizajes que puedas tener.
Debo reconocer, que una de las lecciones que estoy teniendo hoy en día, es justamente a cobrar conciencia de esto. He notado que cuando crítico o señalo algo en otras personas, es por que eso mismo está de alguna forma en mi, y solo podré cesar esa actitud en la medida que sane esa parte de mí que me hace ver eso en los demás, lo cual no es otra cosa más que un reflejo de mi mismo. 
La verdad es que hay muchos miedos en relación a asumir el rol de trabajador de la luz, pues nuestro ego se alborota con todas las implicaciones que esto pudiera tener. Pero todo eso no es más que, más áreas de aprendizaje. 
Ser un trabajador de la luz, implica un compromiso con uno mismo, y con amarse incondicionalmente. Todo lo que venga después se da muy naturalmente, no hay que hacer nada, en especial si le entregamos el proceso al universo. 
Todos tenemos algo que enseñar, y a su vez, de todos podemos aprender algo, esa es quizás la más grande lección que podemos integrar para vivir una vida plena y llena de amor.
Namasté.

Esto puede pasar si no proteges tu energía.

Para los trabajadores de la luz, la sensibilidad a la energía es una característica muy importante. Muchos sufren derivado de esta sensibilidad, por absolver las energías del medio ambiente. El gran reto esta, en que el trabajador de la luz para conseguir sus objetivos, necesita invariablemente aprender a protegerse para no sufrir en el intento, pues su camino esta en estar junto a las energías de los demás.

Además la energía es necesaria para el logro de las cosas que le apasionan, en la medida que aprendemos a cuidar nuestra energía, nuestro poder en más fuerte. Por eso es tan importante aprender en que casos nuestra energía se ve afectada, y que podemos hacer para cuidarla.

La tendencia del trabajador de la luz, es al servicio, lo que implica dar de nuestra energía. Entonces hay que observar como nos afecta la tendencia de perder energía por nada más dar. Ahí esta quizás uno de los mayores desafíos en el que nos encontramos, cobrar por nuestra energía. Al menos de alguna forma.

Además esta tendencia a dar, nos lleva a correr el riesgo que otras personas abusen de nuestro tendencia a servir, ahí es donde es importante aprender a darnos nuestro lugar.

Cada uno de nosotros tiene un camino de sanación personal, el cual es necesario para que podamos lograr tener niveles de energía sanos, lo que lleva a tener mucha energía para dar al mundo.

Pero hay que entender algo, si la energía de dar y recibir, no esta en equilibrio, el trabajador de la luz termina sufriendo, termina desgastado, y con ganas de tirar todo. Es decir se aleja de lo que más le llena, darle al mundo.

Hay muchas maneras de hacer un blindaje energético, puede ser a través de visualización de una esfera de luz blanca o rosa, a través de usar cristales, música, de oración, o muchas otras técnicas, lo importante es aprender a proteger nuestra energía, de que no sea absorbida por nada ni nadie, lo que nos lleva a ser desgastados.

Lo otro hay que aprender, es a recuperar nuestra energía, pues de una u otra manera, esta se va entregando en nuestro camino.

Meditar es una magnifica manera de restaurarnos, me pasa que muchas veces estoy en reuniones, y empiezo a sentir como mis niveles de energía se están viendo afectados, lo que me lleva a sentir un enero cansancio así como desanimo. Basta 5 minutos de meditación, de observación de mi respiración para que me recupere un poco. Obvio las situaciones pueden variar, a veces necesito mas que otras, pero es una gran manera de regresar a un nivel adecuado.

No cuidar tu energía puede implicar mucho sufrimiento, y sobretodo mucha frustración para caminar en pos de hacer las cosas que verdaderamente te llenan.

Nuestra energía es algo sagrado, y nuestra misión es ser un ejemplo del amor más elevado. Por eso es tan importante empezar con nosotros mismos, si no aprendemos a cuidar nuestra energía, quien más lo va a hacer. Pero en la medida que lo hacemos, nuestro ser se eleva y empezamos a vibrar en una energía amorosa, jamás imaginada. Ahí es donde en verdad empezamos a cumplir nuestra misión.

Namaste.

Cuidarse del ego.

La forma en que me descubrí a mi mismo como un trabajador de la luz, fue a través de darme cuenta por lo que realmente mi corazón palpitaba. Eso me hico descubrir un nuevo mundo que jamás me había imaginado, y sobretodo empecé a querer ese mundo. Pero sin darme cuenta, lo que estaba haciendo me estaba alejando de eso mismo.

Me paso descubrir a muchas personas que hacían ya cosas que yo quería hacer. Mi ego me dijo: “ves, no hay lugar para ti”. Recuerdo en particular, que tenía yo muchas ganas de crear un boletín (el cual pronto se hará realidad), y de repente descubro uno prácticamente igual al que yo tenía en mente.

A pesar que de nuevo, mi ego me dijo que ya se había llenado ese hueco, paradójicamente en ese mismo boletín, la persona escribió sobre la importancia de compartir nuestra luz, y que el se sentiría halagado si alguien lo copiaba, pues también su boletín era influencia de otras personas. Lo que en pocas palabras quería decir, es que cada quien es capaz de reflejar la divinidad de maneras distintas.

De hecho, el llamado que sentimos, es justo por que el mundo necesita nuestra luz, en cualquier área que nos apasione. De hecho, un mismo tema dicho por personas distintas, genera un impacto diferente en quien lo recibe, por aquello de los temas de la vibración.

Por otro lado, hay que tener cuidado con los egos de los demás. Pues habrán ocasiones, que inconscientemente hagan comentarios que pretendan desalentarte o criticarte, y es entonces donde hay que entender que no es su parte de luz, si no su sombra la que habla.

La mayoría de nosotros nacemos cubiertos por nuestras propias sombras, con un enorme temor hacia nuestra luz. Pero es justo ese nuestro gran trabajo espiritual, dejar a un lado los miedos, y escoger al amor de una vez por todas.

Hasta donde se, es imposible eliminar el ego, de hecho es parte de nuestro trabajo espiritual permanente. Por eso es tan importante estar en contacto con nuestro amor interior, cultivándolo y fomentándolo. Es muy difícil avanzar por nuestro camino espiritual sin la fuerza amorosa de lo divino.

Hay que saber desarrollar la confianza interior, ya que mientras más fuerte sea tu luz, será tu sombra. Solo es a través de la fe que en verdad podemos regresar a ser lo que somos, y a cumplir con la misión amorosa, por la que estamos aquí.

Namaste.

Yo puedo, pero ¿Soy requerido?

Desde que tengo conciencia, siempre he sido muy servicial. Me encanta lo bien que se siente ayudar a los demás, y hacer algo para hacer el mundo mejor. Eso me ha hecho sentir maravillosamente muchas veces, pero quizás me ha hecho sufrir enormemente, otras veces. Esto es importante, ya que si queremos servir al universo, tenemos que estar bien, para poder hacerlo adecuadamente.

Para poder dar, hay que tener. El camino del servicio empieza en uno mismo. Lo que quiere decir que para poder servir, hay que practicar el amor, eso implica estar bien en primera instancia, para poder dar. Eso es dar desde la abundancia, en lugar de la carencia.

Lo que me hacía sufrir, es algo que se conoce como ser «el/la rescatador», que dicho de una forma práctica significa, meterse donde no te llaman. Cuando te desvives por dar, en particular a quien no te lo ha pedido terminas en desgaste.

Yo por mucho tiempo fui un rescatador, creía que venía a salvar al mundo. Y para ello necesitaba ayudar a todos, enseñarles y hacerles ver cuál era «la verdad» de la felicidad.

El resultado era que terminaba herido, con frustración y rencor, muy lejos de ser amor. Pero es que no entendía, como las personas podían vivir de la manera que vivían, tan alejadas en mi visión del amor, tan desconectadas de sí mismas y de la vida. Simplemente no había entendido un pequeño detalle: cada quien viene a vivir su propia experiencia

En algún lugar y en algún tiempo elegimos las experiencias que vamos a enfrentar para poder aprender. Esto quiere decir que las personas viven  y deben vivir sus propias experiencias, así lo eligieron. Por ende lo debemos respetar. Querer cambiar a las personas no es ser amoroso, aceptarlas lo es.

Cuando consideramos que alguien puede estar mejor, lo mejor es rezar por la persona. Normalmente si algo puedes hacer y es el momento, todo se dará con naturalidad.

He también de confesar, que mis ganas de enseñar o rescatar a otros, no era más que un profundo y oculto pretexto para no enseñarme a mí mismo, y sanar mi interior. Con el tiempo descubrí, que lo que realmente vale la pena compartir, es la propia acción de cómo te has sanado.

Muchos trabajadores de la luz, podemos caer en una confusión en la forma en la que podemos dar servicio al universo, pues pensamos que debemos rescatar a las personas, o dar sin recibir. Pero esa misma necesidad de servir -innata en la trabajadores de la luz- bien orienta es muy poderosa.

Esto parte con de tu verdadero poder personal, que es ser feliz. Esa la manera más importante de ayudar al mundo, no diciendo, sino siendo. El universo siempre es muy claro cuando nos necesita, lo único que hay que hacer es aprender a seguir nuestra intuición, lo que implica callar nuestra mente.

En mi experiencia, la paz que vivo sin estar forzando mi ayuda al universo, es fenomenal. Pues con eso ya estoy sirviendo a mi propósito. Me costó entenderlo, pero la gran gracia divina está en ser no en hacer. Lo importante es ponerse en disposición, y estar lo mejor disponible posible. Es decir, mientras más hayas sanado, mejor puedes servir.

Namaste.

La gran misión.

Desde muy temprana edad, supe que yo era un trabajador de la luz. Pues siempre he tenido una enorme vocación por qué el mundo y las personas que lo habitan sean mejor. Sabía intuitivamente que yo podía hacer algo por la causa, pero no tenía ni idea de cómo. Y esa confusión es la que más aprendizajes me han traído.

Un trabajador de la luz, es toda la persona sensible ante la situación del planeta y de los demás, y que sabe en alguna parte de él o ella que es su deber hacer algo por los demás. En mi caso aunque no era consiente de ser un trabajador de la luz, y mucho menos su significado, si estaba muy conectado con mi propósito de ser.

Sufría enormemente de no poder hacer que los demás, dejaron a un lado sus preocupaciones o las trivialidades, y se enfocarán por ser feliz. Pero era imposible que yo pudiera hacer algo en mis condiciones. Solo hasta en verdad entendí mi propósito, fue que pude calmar mi ansiedad.

Los trabajadores de la luz, no estamos aquí para sanar a otros, estamos para sanarnos a nosotros mismos. Es solo mediante nuestra propia sanación que podemos sanar a otros. Es a través del ejemplo y la integridad donde realmente yace nuestro poder.

Somos seres profundamente amorosos y sensibles, venimos con un gran propósito, sanar al mundo, pero no a través de convertir a otros, sino de convertirnos a nosotros mismos. A respetar el proceso y los tiempos de cada quien, y a ser paz interior que se transforme en paz exterior.

La desesperación por ayudar, es algo muy dañino para nosotros, nos quita poder, nos enferma y nos absorbe las energías que tanto necesitamos para ser amorosos.

Estar bien, para poder dar, es quizás la lección más importante del camino. Eso significa que hay que enfocarse en nosotros mismos, si el universo necesita que ayudes a alguien, claramente lo pondrá en tu camino. Sin forzar ni nada, todo será muy natural.

Nuestro trabajo no es enseñar, sino a enseñarnos. Para poder hacerlo es indispensable poner al amor en todo lo que hagamos, enfocándonos en el servicio. Cuando yo estoy bien, con un corazón sano y lleno, tengo mucho más para dar, que si mi corazón está herido y vacío.

La fórmula es sencilla, tener para dar, a través del amor personal, y cultivando relaciones saludables de dar y recibir. Eso es lo que en verdad nos hace poderosos, y en consecuencia cumplir lo que veníamos a hacer.

Hacemos mejor al mundo, cuando nosotros lo somos. Y si estamos abiertos a servir, el universo manejara nuestra agenda cuando nos necesite.

Namaste

Enfocarse en el amor

En la vida hay un factor determinante, para el desenlace de cualquier acción: la razón por la que se hacen. Esto es particularmente más claro en las actividades de índole espiritual, pues el verdadero trabajo espiritual, es tremendamente sensible a la energía que se pone en lo que se hace. Por lo que hay que aprender a cobrar conciencia de este asunto, si es que queremos lograr nuestro objetivo como trabajador/a de la luz.

La clave es aprender a hacer las cosas por amor, si lo haces, todo lo demás vendrá solo.

Para poder lograrlo, hay que descubrir y evitar que el miedo se infiltre. Pues sin darnos cuenta empezamos a hacer o dejar de hacer cosas por el temor a algo. Si bien, en mi visión, el miedo no es lo contrario al amor, este si nos aleja de entregarnos al máximo a nuestro propósito.

La mayoría de los trabajadores o potenciales trabajadores de la luz, tienen el temor del que dirán, de si realmente son útiles, o si se puede tener una carrera redituable sirviendo al universo. La respuesta es clara, cuando se hacen las cosas por amor, sin esperar nada a cambio, los resultados pueden ser maravillosos.

En cambio, si lo que estamos haciendo, tiene integrado el miedo de algo, automáticamente nos estaremos poniendo en esa vibración, y atrayendo eso que tememos.

Puedes ser un gran trabajador de la luz, y cumplir con el servicio que tanto te pide tu corazón. Pero si estas esperando los premios, antes que la acción, en el caso del trabajo espiritual todo se complica.

Por otro lado, hay personas que están enfocadas 200% al servicio, y no ven los beneficios materiales de su trabajo. Esto es por que no se están abriendo a recibir. Lo cual es uno de los mayores retos de las personas orientadas al servicio, pues se quiere dar, y se olvida la parte de recibir.

Para que el amor se complete, es necesario, que haya un equilibrio entre ambas energías. Eso es lo que hace que la energía amorosa se renueve.

El universo provee de la abundancia que cada quien este dispuesto a recibir, y todos somos merecedores de la más alta cantidad. El trabajo de la luz, es tan importante, y merece ser retribuido igual que cualquier otro. Estamos enfocados al alma, que es lo único que realmente tenemos como propiedad.

Por eso hay que revisar nuestras acciones, y hacer las cosas por amor. Confiar en que todo será resulto, y enfocarse en servir al universo.

Namaste.

Las voces de mi cabeza.

Hace un tiempo, empece a poder escuchar las voces de mi cabeza. Y aunque por cierto tiempo no lo dije a nadie, hoy creo que es importante compartir mi experiencia derivado desbloquear mis habilidades psíquicas, en particular por que sobre estas se habla muy poco y es importante entender su importante rol dentro de nuestra vida.

Para empezar, lo que yo no sabía es que realmente no eran voces, sino pensamientos, a raíz de aprender a meditar, me di cuenta que dichos pensamientos “no eran míos”, sino de alguien más, es decir de mis ángeles.  A esto se le llama clariconocimiento.

Existen otros claris, el más famoso es la clarividencia, pero existe también la clariaudiencia, y la clarisensibilidad.

Lo más chistoso, es que suena muy exótico decir que tengo habilidades psíquicas, ya que todos las tenemos, no soy ningún super dotado, ni nada. Lo único que he hecho realmente, es aprender a identificar a mi ego que me pretende hacer dudar, de lo que realmente es.

Como cualquier habilidad se necesita desarrollar, practicar, y aún así puede fallar.

Recuerdo que el otro canal de percepción psíquica que siempre he tenido desde chico es la clarisensibilidad, yo podía sentir lo que pasaba en los demás, intuitivamente sentía lo que las otras personas sentían, sin que me dijeran nada.

Varias veces expresé lo que estaba sintiendo a la otra persona, muchas veces recibí una negativa, ya sea porque no lo reconocía, o por que no estaba en contacto con sus emociones, o por que si había hecho una lectura equivocada.

Pero lo que he aprendido con el tiempo, es que realmente no es que leyera mal a las personas, que era la menos de las veces, sino que mi ego me había confundido o había sentido algo aislado y lo creí que era la verdad absoluta.

Esas decepciones, de que aparentemente no estaba recibiendo la información correctamente, me hiero renunciar a mis habilidades, ya que no entendía para que las podía utilizar, y las personas me habían convencido que no recibía la información correcta.

Ese es el principal inhibidos de las habilidades psíquicas, la falta de confianza. Creemos que estamos locos, dudamos de nosotros, y a la postre les dejamos de hacer caso.

Más sin embargo, aún así nuestra divinidad sigue en nuestro interior. Nuestra conexión con Dios y con todo su universo está disponible para quien quiere conectarse. Esa es lo único que hay que hacer en primera instancia, creer.

Ya con el tiempo, hay que recorrer un camino, que nadie más puede recorrer por ti, pues es necesario aprender a conocer la manera que se recibe la información de los ángeles. Así mismo el trabajo espiritual ayuda, en la medida que se logra elevar la vibración.

Pero también en ese camino, te encuentras personas en el mismo camino que tu, las cuales han descubierto sus dones, o están ese proceso, y ayuda mucho saber que todos podemos, si todos queremos.

En la medida que me he conectado más y más con el amor, es en la medida que recibo más información con respecto a pensamientos amorosos.

Hoy agradezco las voces de mi cabeza, pues entiendo que no estoy loco, sino por el contrario, estoy plenamente conectado a la fuente de toda la sabiduría y todo el amor. Gracias a esa conexión, recibido todos los días frases y reflexiones, temas para escribir, y mucha información que me ayuda para vivir mi vida en más y más amor.

Todo se trata de aprender a ver nuestro ser con todo lo que es.

La abundancia en el trabajo de la luz.

Lo que he visto en mi propia vida, y en muchas de las personas a las que coacheo, es que uno de las cosas que más complican la abundancia personal, es el apego a la perdida. Esto ocasiona que la abundancia no llegue a tu vida, pero aunque es una cierta actitud común, hay maneras de mantener el flujo natural de la abundancia.

Quiero partir de ahí. Somos abundantes. Más sin embargo en esta vida la abundancia es uno de los aprendizajes espirituales más importantes que tenemos todos. Así que todos de una u otra forma, tenemos bloqueos que necesitamos levantar para regresar a nuestro estado natural.

También es importante considerar que la vida es un flujo constante, y que nada permanece quieto. Tanto si tienes abundancia o no, eso puede cambiar. Por lo que ser consiente de tu estado de abundancia, así como de tu vibración personal, te permite dirigir tu vida hacia la abundancia más plena.

Lo que sucede muchas veces, es que cuando algo no sucede como te gustaría, te aferras a esa perdida, lo que te impide que llegue eso que querías.

Me ha pasado seguido con las personas que me piden coacheo, ya que algunos ven una barrera en el tema del precio. Y dependiendo de como reaccione es el resultado que voy a obtener, pues básicamente tengo dos opciones, enfocarme en lo que no se logró, o dejarlo ir y confiar que regrese multiplicado.

La confianza fluye en la confianza plena.

Si espero que la persona que no se decidió, cambie de opinión, o si me esperanzo de alguna manera de si se de, lo único que estoy haciendo es repeliendo la abundancia. Muchas veces esperamos que la abundancia venga directamente y condicionadamente.

También ocurre que nos entra la duda si es justo que cobremos o la cantidad que cobramos. A mi me costó mucho trabajo entender, que de algo tengo que vivir. Que el universo recompensa a quien se da su lugar, y sobretodo que amar implica dar y recibir.

El apego bloquea el flujo de recibir, mientras que la confianza nos abre al estado permisivo de recibir.

En cambio, si confío en que lo que tenga que ser, será, y que el universo me compensará por eso que no se logró, los resultados son espectacularmente diferentes. Aquí es donde la vibración cobra su papel, si me preocupo o me pongo a vibrar en miedo, atraigo eso, muy por el contrario si mantengo mi confianza y pido que las cosas fluyan.

Es muy adecuado el pedir al universo, Dios, los ángeles, que te ayuden con tu abundancia. La oración eleva tu vibración y se ratifica con la confianza de que así es y será. Esa es quizás la fórmula secreta.

Todo es un tema de fluir y confiar. A veces hay que tener paciencia, pero debes saber que lo que pides siempre se te dará.

Todo se trata de confiar, y recordar que eres abundante.

Se enseña en verdad cuando se deja de querer hacerlo.

Desde que soy chico me ha gustado enseñar a otros. Quizás intuía que ese era una de mis propósitos de vida.  Y esto me hizo forzar muchas veces a querer enseñar a otras personas, sin que realmente fuera yo requerido. El resultado además de no enseñar, era que caía yo un tanto mal.

Es decir, sabía lo que quería, pero no la manera de lograrlo.

Debo de confesar, que realmente estaba yo buscando dos cosas, inflar mi ego y evadir mi propio aprendizaje personal. Digo no es que no supiera nada, siempre se me ha facilitado aprender cosas. Pero las sabia desde la teoría, no desde de la practica.

En algún momento, me logré dar cuenta que mi trabajo no era enseñar, sino aprender. Ahí estaba el verdadero llamado, y aceptarlo fue lo que en realidad cambió mi vida como trabajador de la luz. No se puede dar lo que no se tiene.

Yo sentía que debía ser el salvador de los demás, y mostrarles el rumbo. Eso me hacía sentir importante, pero no necesariamente útil. Es muy fácil observar en los demás las cosas que no hacen bien, pero es mucho más retador reconocer las propias.

Al final cada enseñanza aplica también para ti.

Según la ley de la atracción vas a tener gente que este acorde a tu vibración. Es decir, en la medida que tu vibración aumenta y se conecta cada vez más al amor más elevado -el fin de todo nuestro trabajo en la tierra- las personas con las te rodearás serán acorde a esa vibración. Incluso las mismas personas actuarán contigo de manera diferente.

El estado interior crea el estado exterior.

Cuando doy sesiones de coaching, el mensaje que le estoy diciendo a las personas también aplica para mi. Como mencionaba anteriormente, en la medida que te enfocas tu aprendizaje es en la medida que tus aprendizajes serán para alguien más.

Ahí es cuando la magia ocurre, cada herida que sanas, abre la maravillosa oportunidad de poder en algún momento de tu vida, sanar a alguien más. No por que debas hacerlo, sino por que la vida a través de la ley de la atracción te abrirá esa oportunidad.

Prácticamente todo lo que ocurre en la vida, cada situación dolorosa, es una gran oportunidad de aprendizaje así como de sanación. Eso es lo que en verdad te hace un maestro, no el querer compartir, sino el tener que compartir.

Lo importante es hacerlo desde el corazón, por transmitir quien eres, mas que lo que sabes.

Las personas aprenden más amorosamente cuando las personas se permiten ser quienes son, y enseñan con su practica. Lo que en verdad nos han maestros a todos, es el trabajo personal para ser cada vez más y más amor.

La mejor forma de dar, es llenándote de amor el corazón. Y si hay algo que haya que compartir, el universo te pondrá la situación. El amor es el que dirige y hace que todo sea perfecto.

Namaste.

Algo básico para encontrarte.

Los trabajadores de la luz, somos seres que tenemos una vocación de servicio hacia el planeta muy marcada. En nuestro interior se siente imperiosa necesidad para que el mundo este mejor. Más sin embargo una de las tareas más importantes, por no decir la prioritaria es la de la propia sanación personal.

He descubierto que todos los que venimos a esta vida, venimos con una inminente orientación a aprender. Y es claro, que los trabajadores de la luz son muy susceptibles a estos aprendizajes. Ya que sus vidas están muy marcadas por situaciones determinadas, que los obligan a reencontrarse con su esencia o a sufrir por no hacerlo.

Es por eso que indispensable en un trabajador de la luz, el trabajo personal. Muchas veces queremos servir por servir, pero lo que en realidad el universo necesita, es de tu sanación personal.

La mejor forma de servir al universo en esta vida, es siendo feliz. Esto te hace tener tanto energías como cosas para dar. Es dar desde el amor, enseñar desde el ejemplo.

Cuando das sin tener, a la larga te terminas lastimando. Por su puesto que dar es loable, pero cuando lo haces desde el amor los resultados son potencialmente superiores.

Yo he visto que los trabajadores de la luz tenemos un gran aprendizaje que necesitamos, el de darnos cuenta que en esta vida tenemos que aprender. Desde mi perspectiva, yo he visto que los trabajadores nos enfocamos en ayudar y en su satisfacción, y nos olvidamos de nuestras propias necesidades.

Cuando logras descubrir quien eres, y de que manera puedes cumplir tu misión divina, la vida fluye de mejor manera.

Yo he tenido que aprender a decir que no, poner limites, para que pueda tener tiempo para sanarme, recargarme, o simplemente relajarme. Esto he notado que me ha ayudado mucho para poder dar desde el corazón y con una energía mucho más poderosa.

Muchos trabajadores de la luz sufren de ansiedad por necesitar ayudar, o de culpa de no ser suficiente, o incluso ambas. Y esto no es otra cosa más que el ego mostrando un aprendizaje. Un consejo elemental para los trabajadores de la luz, es que necesitan librarse de todas estas energías bajas que reducen su poder.

Cuando los trabajadores de la luz hacen suficiente trabajo personal, el cual se traduce en saber manejar la culpa, el miedo, la ira, su vibración se eleva a tal nivel, que su poder de ayudar al universo es mucho más alto de lo que se podría imaginar.

De hecho, un trabajador de la luz empieza a servir al universo cuando logra su propia felicidad. Ahí esta el primer paso necesario para poder servir como el alma anela.

Namaste.